Publicado el marzo 15, 2024

La elección entre alforjas y bikepacking no es una cuestión de moda, sino de física aplicada a tu tipo de viaje.

  • Las alforjas ofrecen máxima capacidad y acceso fácil, ideal para viajes largos en asfalto o rutas de cicloturismo clásico como el Camino de Santiago.
  • El bikepacking prioriza la estabilidad y aerodinámica al centrar el peso, lo que es esencial para MTB, gravel en terrenos técnicos y rutas de aventura.

Recomendación: Analiza tu terreno principal y la compatibilidad de tu bicicleta. Para rutas mixtas, un sistema híbrido que combine lo mejor de ambos mundos suele ser la solución más versátil y eficiente.

La imagen es familiar: un ciclista se enfrenta al dilema de cómo transportar su vida a pedales. Por un lado, la estética minimalista y aventurera de las bolsas de bikepacking. Por otro, la probada y enorme capacidad de las alforjas tradicionales. La industria y las modas empujan hacia el bikepacking, presentándolo como la evolución natural, mientras que los veteranos del cicloturismo defienden la practicidad inigualable de las alforjas. Esta confusión lleva a muchos a tomar decisiones basadas en la apariencia o en consejos genéricos, sin entender las fuerzas que realmente gobiernan el comportamiento de una bicicleta cargada.

Generalmente, el debate se simplifica a «capacidad vs. ligereza» o «asfalto vs. montaña». Pero estas dicotomías ocultan la verdadera complejidad del asunto. La elección correcta no reside en seguir una tendencia, sino en comprender la física subyacente. Factores como el centro de gravedad, el momento de inercia, la resistencia aerodinámica y el estrés estructural son los que determinan si tu viaje será un placer estable o una lucha constante contra la bicicleta. No se trata solo de qué sistema es mejor, sino de qué sistema es físicamente óptimo para la combinación única de tu bicicleta, tu cuerpo y, sobre todo, el terreno que planeas conquistar.

Este análisis va más allá de las opiniones. Nos sumergiremos en los principios de ingeniería y física que definen cada sistema. En lugar de decirte qué comprar, te daremos las herramientas para que entiendas por qué un sistema te frenará con viento de cara, por qué otro podría romper tu portabultos en un sendero, y cómo la distribución del peso puede convertir una bajada a 50 km/h en una experiencia estable o en una vibración aterradora. Al final, la decisión no será una cuestión de estética, sino de ingeniería personal.

Para desglosar esta batalla técnica, exploraremos cada aspecto fundamental que diferencia a las alforjas del bikepacking, desde las fuerzas invisibles del viento hasta la practicidad del día a día en ruta. Este es el recorrido que te proponemos.

Bolsas alineadas vs alforjas «paracaídas»: cuánto te frena el equipaje con viento de cara

El primer enemigo invisible de todo ciclista es el viento. La lucha contra la resistencia aerodinámica consume una parte sustancial de nuestra energía, y el sistema de carga que elegimos juega un papel protagonista en esta batalla. Las alforjas tradicionales, por su diseño, cuelgan a los lados de las ruedas, creando una superficie frontal ancha y plana. Esto genera una importante resistencia, actuando como un pequeño «efecto paracaídas» que nos obliga a invertir más vatios para mantener la misma velocidad, especialmente con viento de cara o lateral.

En contraste, el sistema de bikepacking está diseñado para ser aerodinámicamente eficiente. Las bolsas de sillín, cuadro y manillar se integran en la silueta del ciclista y la bicicleta. Siguen las líneas del cuadro, manteniendo un perfil estrecho y minimizando la superficie expuesta al flujo de aire. Esto se traduce en un menor arrastre y, por tanto, en un ahorro energético considerable a lo largo de una jornada, especialmente en llanuras expuestas o en días ventosos. La diferencia puede parecer sutil al principio, pero tras horas de pedaleo, la fatiga acumulada por luchar contra un sistema menos aerodinámico es notable.

Este cuadro comparativo, basado en un análisis de principios aerodinámicos, resume cómo cada sistema interactúa con el viento. La información se extrae de una comparativa sobre resistencia al viento que profundiza en estos conceptos.

Comparativa de resistencia al viento según sistema de carga
Sistema Aerodinámica Resistencia lateral Estabilidad
Alforjas tradicionales Mayor resistencia frontal Alta exposición al viento lateral Menor estabilidad con viento
Bikepacking Perfil aerodinámico optimizado Menor superficie expuesta Centro de gravedad más bajo
Sistema híbrido Resistencia media Exposición moderada Buena estabilidad general

Por lo tanto, si tus rutas incluyen largas extensiones de terreno llano y expuesto al viento, como pueden ser las mesetas de Castilla-La Mancha, el menor perfil del bikepacking ofrece una ventaja física tangible. Para rutas más protegidas o montañosas donde la velocidad media es menor, este factor pierde parte de su importancia frente a otros como la capacidad o la estabilidad.

El rebote de las alforjas: por qué se rompen los transportines en MTB y por qué el bikepacking gana aquí

Si la aerodinámica es el desafío en el llano, la vibración y el estrés estructural lo son en terrenos irregulares. Aquí es donde la diferencia fundamental en la fijación de cada sistema se vuelve crítica. Las alforjas se anclan a un transportín, una estructura metálica que, a su vez, se fija al cuadro. Cuando se circula por senderos, pistas de tierra o firmes rotos, el peso de las alforjas, situado lejos del centro de la bicicleta, genera un efecto de palanca y rebote. Cada bache se traduce en una sacudida que somete al transportín y a sus puntos de anclaje a ciclos de estrés repetitivos. Con el tiempo, esta fatiga del material puede llevar a la rotura de tornillos, fisuras en el transportín o incluso daños en los ojales del cuadro.

Caso práctico: Roturas en la ruta del Meridiano 0

Un claro ejemplo de este fenómeno se documentó durante la travesía Castellón-Ordesa por el Meridiano 0, una ruta eminentemente de montaña. Un ciclista con un sistema de bikepacking completó el recorrido sin incidentes. Sin embargo, sus dos compañeros, equipados con alforjas tradicionales, sufrieron constantes problemas con los soportes y roturas en los transportines debido a las vibraciones y el peso descentralizado en los tramos más técnicos. Este escenario real ilustra perfectamente cómo el diseño de las alforjas no está optimizado para la resonancia generada por el ciclismo de montaña.

El bikepacking, por su naturaleza, elimina este punto débil. Las bolsas se sujetan directamente al cuadro, a la tija del sillín y al manillar mediante robustas correas de velcro. No hay una estructura intermedia que pueda fallar. Como explican los expertos, la clave está en la proximidad de la carga al chasis.

La carga queda más cerca del cuadro: menos desequilibrio, mejor distribución de la carga, menos vibraciones. Mejor maniobrabilidad y aerodinámica. Mayor control en zonas técnicas.

– Mammoth Bikes, Guía de elección entre alforjas y bolsas

En resumen, para el ciclismo de montaña, gravel agresivo o cualquier ruta que implique senderos técnicos, el bikepacking no es solo una opción, es una necesidad de ingeniería para garantizar la integridad del equipo. La ausencia de transportín elimina el eslabón más débil del sistema de carga en condiciones de alta vibración.

La frustración del «todo al fondo»: por qué las alforjas son más cómodas para vivir y el bikepacking es un tetris

Hasta ahora, el análisis físico favorece al bikepacking. Sin embargo, un viaje en bicicleta no es solo pedalear; también es acampar, cocinar, y vivir con el equipaje. Y es aquí, en la «ergonomía de acceso», donde las alforjas demuestran su superioridad de manera aplastante. Una alforja es esencialmente un gran compartimento, a menudo con bolsillos exteriores, de fácil acceso. Abrir un clip y encontrar la chaqueta impermeable, la comida o la tienda de campaña es una operación de segundos. Esta simplicidad es un lujo invaluable al final de una larga jornada, cuando el cansancio aprieta.

Comparación de organización del equipaje entre alforjas y bikepacking

El bikepacking, en cambio, es un meticuloso juego de Tetris. La capacidad está fragmentada en varias bolsas más pequeñas y de formas irregulares (sillín, cuadro, manillar). Empaquetar requiere una estrategia cuidadosa, colocando los objetos menos necesarios al fondo de bolsas largas y estrechas. Acceder a algo que está en el interior de la bolsa de sillín a menudo implica deshacer parte del equipaje. Esta complejidad logística puede generar frustración en el día a día. Además, la capacidad total es significativamente menor. A menudo, se estima una reducción de capacidad de hasta un 25% en configuraciones de bikepacking comparadas con un set de alforjas traseras estándar, obligando a ser mucho más minimalista.

Por tanto, la elección también es filosófica. Las alforjas se alinean con un cicloturismo más pausado y autosuficiente, donde se valora la comodidad y la capacidad de llevar «por si acasos». El bikepacking impone un enfoque minimalista y ultraligero, donde cada gramo y cada centímetro cúbico cuentan. La pregunta es: ¿quieres que tu campamento base sea fácil de montar o que tu bicicleta sea ágil en los senderos?

Transportines sin ojales: soluciones de montaje al eje o a la tija para bicis que no están hechas para cargar

Uno de los argumentos más potentes a favor del bikepacking es su universalidad. La mayoría de bicicletas modernas, especialmente las de carretera de carbono, las de gravel y las de montaña de doble suspensión, se diseñan sin los tradicionales ojales roscados en el cuadro necesarios para atornillar un transportín. Esta decisión de diseño prioriza la ligereza, la estética y el rendimiento deportivo, pero las convierte en incompatibles con las alforjas convencionales. El sistema de bikepacking soluciona esto de raíz, ya que sus bolsas se fijan con correas a la tija, el manillar y el cuadro, sin necesidad de ninguna modificación.

Sin embargo, el mercado ha respondido a la necesidad de cargar bicicletas «desnudas». Hoy existen soluciones de montaje ingeniosas para quienes desean la capacidad de las alforjas sin tener los anclajes de serie. Las opciones principales son:

  • Transportines anclados a la tija: Se sujetan con una abrazadera a la tija del sillín. Son fáciles de instalar, pero su capacidad de carga es limitada (normalmente menos de 10 kg) y no son recomendables para tijas de carbono.
  • Transportines anclados al eje de la rueda: Marcas como Thule o Tailfin ofrecen sistemas que utilizan un eje pasante especial con puntos de anclaje integrados. Son una solución extremadamente robusta y estable, compatible con muchas bicicletas modernas, pero suponen una inversión económica mayor.
  • Adaptadores y abrazaderas: Existen abrazaderas (P-clamps) que se pueden añadir a las vainas o tirantes del cuadro para simular los ojales ausentes. Requieren una instalación cuidadosa para no dañar el cuadro y su fiabilidad depende de la calidad del montaje.

Como señala el equipo técnico de Mammoth Bikes, la adaptabilidad del bikepacking es su gran ventaja, pero tiene sus propias limitaciones. La cita destaca que «Se adaptan a la mayoría de bicicletas, sin necesidad de ojales o modificaciones en el cuadro. Cuidado con esto último: una bici de doble suspensión, especialmente de talla pequeña, quizás no admita bolsas de cuadro» debido a la falta de espacio en el triángulo principal. Esta advertencia es clave para los ciclistas de montaña con cuadros pequeños.

En definitiva, aunque el bikepacking ofrece una solución universal «de serie», ya no es cierto que una bicicleta sin ojales esté condenada a no poder llevar alforjas. Existen alternativas de ingeniería de alta calidad que permiten combinar la capacidad de las alforjas con bicicletas de última generación, aunque a menudo a un coste superior.

Lo mejor de dos mundos: usar alforjas pequeñas atrás y bolsa de manillar delante para equilibrar

Tras analizar las fortalezas y debilidades de cada sistema, surge una pregunta lógica: ¿es necesario elegir un extremo? La respuesta, para un número creciente de ciclistas, es no. La configuración híbrida se está consolidando como la solución más inteligente y versátil, combinando elementos de ambos mundos para crear un sistema optimizado y sin los inconvenientes más marcados de cada opción pura.

El concepto es simple: aprovechar la estabilidad y el bajo centro de gravedad de las bolsas de bikepacking en la parte delantera y la capacidad y facilidad de acceso de las alforjas en la parte trasera. Una configuración híbrida típica podría ser:

  • Parte delantera: Una bolsa de manillar tipo arnés (handlebar roll) de bikepacking para llevar objetos voluminosos y ligeros como el saco de dormir y la esterilla. Esto mantiene la dirección ágil y el perfil aerodinámico.
  • Parte trasera: Un par de alforjas traseras pequeñas (small panniers) o de tipo «gravel» (10-15 litros cada una) montadas en un transportín ligero. Ofrecen una capacidad decente, un acceso mucho más cómodo que una bolsa de sillín grande y mantienen el centro de gravedad más bajo que una carga apilada en altura.
  • Cuadro: Una bolsa de cuadro para herramientas, repuestos y objetos pesados, centrando la masa y mejorando la estabilidad general.

Esta solución es especialmente brillante para bicicletas de gravel o trekking. Un ejemplo de aplicación, extrapolado de una propuesta para un viaje largo por la Patagonia, sería una bicicleta de gravel equipada con alforjas traseras y una bolsa de manillar de bikepacking. Esta configuración es ideal para largas travesías por terrenos mixtos, como podría ser la Transpirenaica en España, ofreciendo un equilibrio casi perfecto entre capacidad, acceso, aerodinámica y comportamiento en pistas.

El sistema híbrido no es una renuncia, sino una optimización. Permite al ciclista construir una configuración a medida, adaptada con precisión a su bicicleta, al tipo de viaje y a sus preferencias personales, eliminando la necesidad de encasillarse en la dicotomía «alforjas o bikepacking».

Delanteras vs Traseras: cómo distribuir la carga para que la dirección no vibre a 50 km/h

La cantidad de peso que llevamos es importante, pero dónde lo colocamos es crucial. Una distribución de carga incorrecta puede arruinar el comportamiento de la bicicleta, convirtiéndola en un vehículo torpe, inestable y, en el peor de los casos, peligroso. El fenómeno más temido es el «shimmy» o vibración del manillar a alta velocidad, que suele ocurrir en bajadas cuando la carga trasera es excesiva y la rueda delantera va demasiado ligera, perdiendo aplomo y entrando en resonancia.

Distribución del peso en bicicleta de montaña en España

La regla de oro es buscar el equilibrio y un centro de gravedad bajo. En lugar de concentrar todo el peso en la parte trasera, es fundamental repartirlo entre ambos ejes. La distribución ideal varía según el tipo de cicloturismo:

  • Cicloturismo clásico (asfalto): La distribución recomendada es aproximadamente 60% atrás y 40% delante. Esto se logra con alforjas traseras y un par de alforjas delanteras montadas en un transportín bajo (low-rider). Montar la carga delantera lo más bajo posible reduce el momento de inercia, haciendo que la dirección sea más estable y menos propensa a las vibraciones.
  • Terrenos técnicos (MTB/Gravel): Aquí la prioridad es centrar la masa. El peso debe ir lo más cerca posible del centro de la bicicleta y lo más bajo posible. Las bolsas de cuadro son perfectas para los objetos más pesados (herramientas, agua, comida), mientras que las bolsas de sillín y manillar llevan los objetos más ligeros y voluminosos.

La siguiente tabla, basada en un análisis sobre distribución de peso, ofrece una guía clara para adaptar la carga al terreno.

Distribución de peso según terreno
Tipo de terreno Distribución recomendada Sistema ideal
Asfalto/Carretera 60% atrás, 40% adelante Alforjas delanteras y traseras
Gravel/Pistas Centrada en el cuadro Bolsas de cuadro y sillín
Mixto 50/50 equilibrado Sistema híbrido

Experimentar con la colocación del equipaje es esencial. Antes de un gran viaje, realiza salidas de prueba con la bicicleta completamente cargada, prestando atención a cómo se comporta en subidas, en curvas y, sobre todo, en bajadas rápidas. Un ajuste de unos pocos kilos entre la parte delantera y trasera puede cambiar radicalmente la sensación de seguridad y control.

Codos cerrados y espalda plana: cuánto vatios ahorras realmente mejorando tu postura

En el análisis de la eficiencia, a menudo nos centramos exclusivamente en el equipamiento, olvidando que el mayor objeto que se enfrenta al viento somos nosotros mismos. La postura del ciclista tiene un impacto aerodinámico mucho mayor que la diferencia entre alforjas y bikepacking. Un ciclista erguido actúa como una vela, creando una enorme resistencia que obliga a un gasto extra de energía para avanzar.

Adoptar una postura más aerodinámica —espalda más plana, codos cerrados y cabeza baja— reduce drásticamente la superficie frontal expuesta al viento. Los estudios sugieren que una postura erguida puede aumentar la resistencia aerodinámica entre un 15% y un 20% en comparación con una posición más agresiva. Esta penalización es especialmente notable cuando se usa una bolsa de manillar voluminosa, ya que el flujo de aire «choca» primero contra el ciclista y luego contra la bolsa, creando aún más turbulencias. En este sentido, un sistema de carga aerodinámico como el bikepacking pierde parte de su ventaja si el ciclista mantiene una postura de «paseo».

La postura no solo afecta a la aerodinámica, sino también a la distribución del peso y al control. Una posición más inclinada hacia adelante carga más peso sobre la rueda delantera, mejorando el aplomo y la tracción en curvas y subidas. Como se menciona en la «Guía de iniciación al bikepacking» del blog Bicicletas y Piruletas, al adoptar una postura más deportiva, «repartes el peso mejor por toda la bicicleta. Eso tiene efectos positivos en la aerodinámica frontal de la bici. Menos peso y más repartido mejora la conducción deportiva». El sistema ciclista-bicicleta-equipaje debe ser analizado como un todo inseparable.

Por supuesto, la postura ideal es un compromiso entre aerodinámica y comodidad. Mantener una posición de contrarreloj durante ocho horas es inviable. La clave está en encontrar un ajuste de la bicicleta (fit) que permita una postura eficientemente inclinada sin generar molestias en espalda, cuello o muñecas, y ser consciente de «agacharse» en los tramos de viento en contra para ahorrar una energía preciosa.

Puntos clave a recordar

  • Física sobre moda: La elección del sistema de carga debe basarse en la aerodinámica, la estabilidad y la distribución del peso, no en la estética.
  • El terreno manda: El bikepacking es superior en terrenos técnicos (MTB, gravel) por su estabilidad y fijación robusta. Las alforjas son más prácticas para viajes largos en asfalto por su capacidad y accesibilidad.
  • El equilibrio es la clave: Una distribución de peso incorrecta es peligrosa. Reparte la carga entre la parte delantera y trasera, y mantén el centro de gravedad lo más bajo posible.

Ni de montaña ni de carretera: por qué la bici de trekking es la reina del Camino de Santiago

El Camino de Santiago es el escenario perfecto para aplicar todo lo aprendido. No es una ruta de MTB extremo ni una autopista de asfalto; es un terreno mixto por excelencia, con pistas de tierra compacta, senderos sencillos, carreteras secundarias y tramos urbanos. Esta variedad exige una bicicleta y un sistema de carga que sean, ante todo, versátiles y fiables. Aquí, los extremos (una bici de carretera pura o una de montaña de doble suspensión) son ineficientes. La reina indiscutible de esta ruta es la bicicleta de trekking o una gravel robusta.

Bicicleta de trekking equipada para el Camino de Santiago

Estas bicicletas ofrecen una geometría cómoda para largas jornadas, ruedas resistentes capaces de rodar bien en asfalto y absorber irregularidades en tierra, y, fundamentalmente, suelen venir equipadas con los ojales necesarios para montar un transportín robusto. Esto nos lleva directamente a la elección del sistema de carga. Como bien resume la experiencia de muchos viajeros, si vas a hacer un viaje largo en total autosuficiencia, «probablemente necesites la capacidad de las alforjas». En el contexto del Camino, donde se suele viajar durante semanas, la comodidad de acceso y la capacidad para llevar ropa para distintas condiciones climáticas hacen de las alforjas la opción más lógica y popular.

Sin embargo, para una versión más deportiva y minimalista del Camino, o para rutas más exigentes como Montañas Vacías en Teruel, «unas bolsas de bikepacking te ayudarán en los tramos más técnicos y te obligarán a ir más ligero». Para la mayoría de peregrinos, la solución ideal vuelve a ser un sistema híbrido sobre una bicicleta de trekking: alforjas traseras para la carga principal y una bolsa de manillar para objetos de acceso rápido.

Plan de acción: tu configuración ideal para el Camino de Santiago

  1. Elección de la base: Opta por una bicicleta de trekking o gravel con una geometría estable y, crucialmente, con ojales para transportín.
  2. El soporte de la carga: Monta un portabultos trasero robusto y de calidad, compatible con alforjas. La fiabilidad es la máxima prioridad.
  3. Capacidad y protección: Utiliza un par de alforjas traseras impermeables, con una capacidad total de entre 30 y 40 litros, suficiente para un viaje con pernocta en albergues.
  4. Acceso inmediato: Añade una bolsa de manillar para la cartera, el móvil, la credencial y algo de comida. Es el elemento de comodidad más importante.
  5. Optimización opcional: Si algunas etapas son particularmente montañosas, considera reemplazar las alforjas por una bolsa de sillín grande para mejorar la estabilidad en esas jornadas.

Aplicar estos principios te permitirá tomar una decisión informada, no solo para el Camino, sino para cualquier aventura ciclista. La bicicleta y el equipaje perfectos no son los más caros o los que están de moda, sino aquellos que funcionan como un sistema cohesivo y adaptado a la física de tu viaje.

Escrito por Marina Soler, Aventurera de ultradistancia, experta en bikepacking y cicloturismo. Guía de viajes en bicicleta con más de 50.000 km recorridos por Europa y experta en logística de rutas autosuficientes.